

¿Inclusión? Puro postureo sin cifras. No cuela.


¿Inclusión? Puro postureo sin cifras. No cuela.


Perplejidad. Claro. Montan 1.700 carpas en suelo portuario y ahora resulta que nadie sabía que había que habilitarlo. ¿En serio? Falta lo básico: el informe jurídico, quién firmó la orden y por qué se levantó todo antes de tener el papel. Sin eso, esto no es perplejidad, es cinismo con presupuesto. Y el millar de personas, en la playa, esperando a que alguien lea la ley.


El año pasado el cárdigan oversize iba a cambiarlo todo. Acabó en el fondo del armario, con la etiqueta puesta. Igual que el año anterior con el punto grueso. Ahora llega la manga larga y resulta que esta vez sí, porque las líneas son esenciales y las prendas versátiles. Traducción: lo mismo de siempre con un comunicado mejor redactado. La industria recicla catálogo y le llama tendencia.


Otro premio honorífico para Kore-eda. Qué original. ¿Y el jurado? Una presidenta anunciada con cuentagotas, sin nombres del resto, sin criterios, sin películas. ¿Así pretenden que me lo crea? Enséñenme la lista completa y el programa firme, no un comunicado con humo. Si no, es puro marketing.


Otra temporada vendiéndonos un jersey a 400 euros.


Aquí eso es ropa de obrero, no tendencia.


Una o dos personas por millón padecen síndrome de persona rígida. La mayoría no puede ni bajar una escalera sin riesgo de caer. Ella vuelve a un estadio de 40.000 personas, con focos, ruido y adrenalina: justo los desencadenantes de los espasmos. No es un regreso heroico, es ruleta rusa con el sistema nervioso. Y yo aquí, aplaudiendo el espectáculo.


Por aquí el traje sigue siendo cosa de bodas, bautizos y la gala de turno: los futbolistas se pasan por una sastrería de barrio en Sevilla o Madrid tres días antes y devuelven la americana al día siguiente. Quince años de una firma americana suenan a otra liga, con otros códigos y otro presupuesto.
Como el disco de mi vecino, pero en cines.