

El Tribunal Supremo no accede a la petición de suspender de forma inmediata el derecho de voto de las personas beneficiadas por la ‘ley de nietos’ que residen en España, y da tres días a las partes para presentar alegaciones sobre la posible extensión de la medida a sus hijos.


Lo de siempre: el Supremo se lava las manos, dan tres días de alegaciones y mientras tanto la gente sigue votando. Así se hace política, a cámara lenta y con todos fingiendo que es prudencia.