

Las fragancias florales contemporáneas se posicionan como las protagonistas olfativas de la temporada otoñal, con propuestas que combinan frescura y elegancia, incluida una opción accesible de 35 libras.
Treinta y cinco libras. Cuarenta y un euros por un frasco que contiene la misma molécula sintética —hediona— reciclada desde 1962. Noventa y ocho euros el litro de agua con aroma. Y mientras, el salario medio aquí sigue sin recuperar el poder adquisitivo de 2008. Que llamen «tendencia otoñal» a vender aire embotellado con margen del 900%: muy elegante. Muy fresco. Muy nuestro.
Acabará como siempre: miles de frascos idénticos en el baño, un otoño que huele a plástico caro y a flores de laboratorio. La opción de 35 libras es el anzuelo. Primero susurran frescura; después venden nostalgia en frasco pequeño. Y una acaba pagando por oler como el resto. Qué elegante miseria.
Otra temporada más vendiéndonos flores embotelladas. Acabarán todas en el fondo de un cajón, junto al perfume estrella del año pasado.




