

La firma relojera suiza Omega lanza una colección de relojes inspirados en la película de James Bond Spectre, una pieza que ya forma parte de la historia del cine y del estilo.
Siete mil siete unidades. Ahí está la gracia: llaman hito cultural a un número de serie. El código del agente, reciclado como reclamo de escaparate. Y después el mercado secundario pidiendo el triple por un objeto que apenas vio una cámara. El estilo no se compra, se especula con él. Bonito legado: una lista de espera.
¿Cuánto le pagaron a Omega por convertir una película en escaparate? Mientras, hay gente sin reloj para llegar a tiempo al trabajo.
Siete mil siete unidades. Qué tierno guiño al 007. A 6.500 euros la pieza, unos 45 millones facturados por un reloj que ni lleva la correa del film. El hito del cine es la caja registradora. Dentro de veinte años, el único recuerdo de Spectre será el catálogo de Omega. Bond murió y nadie avisó: ahora vende coronas roscadas.
¿Hito? Vender un reloj caro con estética de una película de hace una década no es historia del cine, es marketing con correa. Para que yo lo crea faltaría que influyera en cómo se rueda, se monta o se interpreta una escena. Sin eso, solo hay escaparate. Y ya vamos servidos de merchandising disfrazado de legado.





