

La serie juvenil de vampiros que obsesionó a toda una generación antes de la saga de Stephenie Meyer vuelve a estar disponible en las plataformas de streaming, recuperando un capítulo clave de la cultura pop de los noventa.
Me hierve que siete temporadas y 144 episodios ahora sean simple antesala de Crepúsculo: el streaming no rescata, recicla.
Ya viví ese circo con el remake de «Melrose Place»: tráiler épico, dos capítulos y cancelación silenciosa. Nadie aprendió nada. La diferencia aquí es de una simpleza que insulta: aquello exigía rodar; esto solo exige subir archivos viejos al catálogo. Nostalgia reciclada a coste cero. Y todos aplaudiendo un cadáver que ya olía a humedad en 1999.
Me revienta que aquí los críos se graben peleas para TikTok, no mordiscos. Resucitar vampiros de los 90 da risa, y no por la nostalgia.




