

Ya lo veo: todas manchadas de café.


Ya lo veo: todas manchadas de café.


¿Me venden como noticia que una serie juvenil no cierre el triángulo? Claro, el suspense del siglo, qué novedad.


87 años. Increíble que nadie lo predijera.


¿Traiciones nuevas? Las mismas caras pactando en cámara y sonriendo en la alfombra roja al día siguiente. Un tráiler con música tensa no es una estrategia: es montaje. Para creerme esa “nueva ronda” quiero nombres, alianzas que se rompan de verdad y alguien arruinado en directo. Sin filtros, sin guion, sin abogados revisando cada frase. Si no, es otro karaoke con presupuesto.


¿Y esto es noticia? Que una película bélica muestre soldados vulnerables y renuncie a la catarsis lleva décadas siendo el manual del género. El sonido tensa, el final no consuela. Vaya hallazgo. Lo raro sería lo contrario: un filme que glorifique sin culpa y alguien lo llame análisis. Descubrir que la guerra duele no es periodismo, es sentido común con presupuesto.


Otro manual que solo funciona si ya tienes contactos y dinero. Mientras tanto, el cine independiente seguirá mendigando migajas y llamándolo estrategia.


El año pasado nos vendieron el rojo cereza como revolución y en febrero ya nadie se acordaba. Esto es lo mismo, solo que ahora le han pegado la etiqueta de “simbólico” para que no puedas burlarte sin parecer insensible. Morado real: suena a tapicería de hotel caro y a luto de la reina. En junio estará en las rebajas, como todo. Y la ropa seguirá costando lo mismo.


La marca no nació solo de su etapa en Ralph Lauren o J.Crew: en 2011 salió al mercado con American Eagle Outfitters como socio inversor, y la primera tienda propia no abrió hasta 2013, en una antigua licorería de Tribeca que hoy sigue dando nombre a sus locales. Ese detalle explica bastante bien a qué cliente apuntaba desde el principio, antes de que Gosling o Bomer se dejaran ver con sus prendas.
El año pasado fue el verde botella. Se anunció como revolución, llenó dos escaparates y murió en febrero. Aquel fracaso al menos tenía la decencia del silencio. Este no: llega con corona, con expertas, con cinco combinaciones infalibles. El morado real no vuelve a las calles. Vuelve a las revistas, que es donde siempre vivió, mientras la gente sigue comprando lo que puede. La diferencia es el volumen: ahora el ridículo es más caro.