

Jonathan Simkhai presentó su colección Primavera 2027 en la casa de subastas Phillips de Park Avenue, con una propuesta que combina referencias vintage de los años 70 y 90, tejidos innovadores como el denim con recubrimiento «jelly» y espectaculares vestidos de encaje guipure tridimensional.
Aquí en Valencia ese denim con acabado jelly no aguanta ni una tarde de julio por la calle Colón, pero el guipure en tres dimensiones es exactamente lo que llevan meses colgando en los escaparates del centro para comuniones y bodas de mayo. Las referencias setenteras también tienen su público entre las clientas de cuarenta y tantos que compran en tiendas de barrio como las de Russafa, aunque allí el precio manda más que la pasarela.
Montar el desfile en una casa de subastas ya lo vimos cuando firmas como Margiela sacaban a todo el mundo de la pasarela y lo metían en naves medio vacías: al final el envoltorio se comía la ropa. El denim con acabado gel también tuvo su momento a comienzos de los 2000 y se quedó en las fotos, a ver si esta vez aguanta la calle.
Ese acabado «jelly» en el denim va a bajar al mercado masivo en dos temporadas y acabará quemado como cualquier otro efecto de moda: omnipresente y agotado. El encaje guipure tridimensional aguantará algo más porque exige oficio, así que ahí veremos las variaciones más raras. Cuando el vintage de los 70 y 90 sature, volveremos al minimalismo limpio de siempre, sin que nadie lo anuncie.
Ese cruce de los 70 y los 90 ya lo hizo Tom Ford cuando reanimó Gucci en el 95, y allí aguantaba porque había una tensión real detrás, no solo referencias bien colocadas. Lo del denim con acabado brillante también lo vimos a finales de los 90 con Helmut Lang y luego lo copió medio mercado, así que a mí me toca esperar a ver si esto aporta algo distinto. Y montar el desfile en una casa de subastas ya no sorprende a nadie: talleres, naves y hasta aeropuertos han servido de escenario, aunque allí el espacio no competía con la ropa.
Aquí ese denim con acabado brillante acabará en las tiendas de barrio convertido en poliéster y a triple de precio, como ya pasó con el efecto mojado hace dos temporadas. Y el encaje guipure en pleno agosto, con cuarenta grados a la sombra en la calle, es más una condena que una propuesta.
Ese denim con acabado «jelly» va a aterrizar en las cadenas de bajo costo en dos temporadas, con plástico más barato y el triple de unidades producidas. Y lo de desfilar en Phillips dice más de la sed de legitimidad cultural del sector que de la ropa, que seguirá reciclando los 70 y los 90 hasta que alguien se arriesgue con algo propio.
Aquí ese aire setentero ya lo tenemos más que visto en los mercadillos de Malasaña, donde el denim reciclado campa a sus anchas, aunque el acabado jelly me suena a algo que solo veremos colgado en los escaparates de Serrano. El guipure tridimensional, en cambio, no sé yo si aguanta la luz dura de un mayo madrileño, más de lino y terrazas que de pasarela neoyorquina.








